UN ESTUDIO BUSCA UNA "PILDORA FRENTE AL ENVEJECIMIENTO" EN LA MICROBIETA GALLEGA
El Chuac recluta a personas de entre 45 y 55 años para participar en el estudio Mimic, que analizará los microorganismos presentes en el cuerpo de cientos de personas en toda España para encontrar compuestos asociados a un rejuvenecimiento biológico
La microbiota es una de las áreas de investigación en mayor crecimiento en los últimos años. Los miles de microorganismos que habitan dentro de nuestro cuerpo desempeñan diferentes funciones, al punto tal que algunos investigadores han llegado a considerarlos como «trabajadores subcontratados» por nuestros órganos para llevar a cabo tareas que van desde la digestión hasta la síntesis de vitaminas. A medida que la ciencia comprende cada vez en mayor profundidad el rol de estas colonias en la salud, se vislumbran nuevos horizontes en cuanto a las aplicaciones que podrían tener para la medicina.
Ahora, un nuevo estudio coordinado entre 15 grupos diferentes a nivel nacional intenta explicar el papel que puede tener el microbioma en la inflamación crónica asociada a la edad, para así encontrar posibles estrategias frente a este fenómeno. Así surgió el proyecto Mimic —Intervenciones basadas en el microbioma sobre el envejecimiento inflamatorio: descubrimiento y ensayos preclínicos de agentes antiinflamatorios, por sus siglas en inglés—. Su objetivo es identificar moléculas derivadas del microbioma con potencial antiinflamatorio que puedan convertirse en posibles dianas terapéuticas.
La iniciativa está coordinada por Sergio Serrano Villar, investigador del área de Enfermedades Infecciosas (Ciberinfec) en el Hospital Universitario Ramón y Cajal y Cristina Ruiz Romero, investigadora principal del área de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN) en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) y del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (Inibic). En este centro gallego se están llevando a cabo tomas de muestras de pacientes con artritis reumatoide u obesidad, de entre 45 y 55 años, así como de individuos sanos, todos ellos, participantes voluntarios. El objetivo es llegar a 270 muestras antes del verano. En el momento en el que se escriben estas líneas, ya hay cerca de 150. «Se trata de entender qué caracteriza a las personas biológicamente más jóvenes y qué papel juega su microbioma», explica Sergio Serrano.
«El proyecto tiene dos fases, una observacional, en la que hacemos una cohorte; y luego, una parte experimental. Nosotros participamos en las dos», explica Cristina Ruiz. La experta, junto al doctor Francisco Blanco, del Servicio de Reumatología del Chuac, reciben a La Voz en el hospital para conocer cómo se desarrolla la toma de muestras en esta primera etapa del estudio. «Lo que queremos es buscar a pacientes de distintas edades. Tenemos un grupo de niños de hasta once años, otro de adultos, que es el que estamos reclutando aquí en A Coruña, y también hay un grupo de mayores de 80 años», detalla. El análisis de la microbiota de estos participantes que están en diferentes etapas de su vida, con las comorbilidades asociadas a cada momento vital, permitirá descifrar los efectos de estos en nuestra salud de los microorganismos que la componen.

Desentrañar la inflamación
No todos los participantes que acuden a aportar sus muestras son pacientes de la unidad de Reumatología. Algunos se han acercado para formar parte del grupo de control del estudio, que contará con perfiles de diferentes personas sanas, sin patologías asociadas a la inflamación. «Se les van a recoger muestras de orina y de heces y tendrán que rellenar un cuestionario acerca de la dieta que siguen, porque las bacterias que viven en el intestino están muy relacionadas con la alimentación», explica Ruiz.
También se hace una extracción de sangre y se toman medidas como el peso y el contorno de la cintura. «De la sangre vamos a obtener los marcadores de inflamación que tengan los pacientes y su edad biológica. En las heces vamos a estudiar el microbioma con técnicas ómicas —análisis masivos de miles de moléculas como genes, proteínas o metabolitos—. Vamos a utilizar la metaproteómica y la metagenómica. Buscamos sacar moléculas de ese microbioma que puedan tener un efecto proinflamatorio o antiinflamatorio», detalla la experta.
A partir de este análisis de los microbios presentes en el organismo de cientos de españoles se espera obtener una serie de moléculas candidatas a convertirse en posibles tratamientos. Pero para que lleguen al público todavía habrá que esperar. Serán necesarias investigaciones posteriores, incluyendo un modelo preclínico en ratones envejecidos. «Buscamos, en última instancia, una especie de píldora frente al envejecimiento basada en el microbioma», señalan los coordinadores del proyecto.
Una pieza clave en este camino serán los datos sobre los hábitos de los individuos analizados. «La dieta interviene en el microbioma e influye en la respuesta inflamatoria de los pacientes. De hecho, la alimentación siempre complementa al tratamiento estándar y ayuda a mejorar la manifestación clínica de diferentes enfermedades inflamatorias», explica Blanco. Aunque los expertos ya tienen datos sobre los efectos antiinflamatorios de nutrientes como los omega-3, presentes en algunos pescados, semillas y aceites vegetales, esta investigación va un paso más allá con un cuestionario que incluye preguntas sobre la frecuencia de consumo de diversos productos, desde ultraprocesados hasta verduras, legumbres o lácteos.
En este sentido, el doctor Blanco tiene su punto de mira en cómo diferentes patrones dietéticos, en combinación con ciertas terapias, modifican ese ecosistema de seres microscópicos que habitan dentro del cuerpo. «Es muy interesante conocer cómo cambia el microbioma desde el punto de vista de los tratamientos. Sabemos que estos la modifican, pero con este análisis podremos obtener información de qué alimentos combinar con los fármacos para conseguir potenciar su efecto beneficioso», detalla. El objetivo es conseguir protocolos médicos que contemplen proporciones y frecuencia de toma de diferentes grupos alimentarios para ayudar a estas terapias.

Proyecto semilla
El estudio Mimic es lo que se conoce como un proyecto semilla interárea. Esto significa que se espera que puedan salir de esta investigación diferentes ramificaciones. La intención, por tanto, es que sea un punto de partida para otros análisis, todo ello a partir de una única serie de muestras de cada individuo.
Esta proyección futura ya está empezando a producirse. «Hay grupos que trabajan en este estudio que ya están solicitando proyectos de continuación para, por ejemplo, desde el grupo de geriatría, realizar un proyecto específico con este grupo de personas. Una vez que se ha montado esta cohorte, se pueden estudiar diferentes aspectos de ella. Pero habrá que empezar por los análisis moleculares», señala Ruiz. Las muestras obtenidas tanto en A Coruña como en el resto de centros que participan serán enviadas al Hospital Ramón y Cajal, donde se almacenarán en el biobanco previamente a su análisis.
En el estudio participan grupos de investigación que trabajan en hospitales españoles. Entre ellos, se encuentran el Hospital Universitario Ramón y Cajal, el Hospital Universitario La Paz, el Hospital Universitario La Princesa, el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, el Hospital Universitario de A Coruña y el Hospital Sant Joan de Déu, con la implicación de especialistas de distintas áreas como pediatría, endocrinología, enfermedades infecciosas, reumatología y geriatría.
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