JAEN HOY
LAS BREVAS Y LA TRADICIÓN FAMILIAR: EL LEGADO QUE LUCHA POR SOBREVIVIR EN JIMENA.
El cultivo que da fama al municipio continúa llenando las huertas cada mes de junio, aunque la falta de rentabilidad y el cambio de vida amenazan una tradición transmitida de abuelos a nietos
Cada año en un municipio de Jaén, se repite un mismo ritual que aún sobrevive a pesar del escaso relevo generacional. Familias enteras se reúnen para recoger la breva en Jimena, casi más por tradición de algunas de ellas, que por los beneficios que se consiguen de la faena. La campaña apenas dura un par de semanas, pero concentra meses de cuidados y décadas de historia.
La cosecha de este año ha dejado un sabor más bien amargo entre los productores. Pedro Manuel Viedma, agricultor de Jimena y tercera generación dedicada a la breva, explica que la campaña ha sido media baja. Las condiciones meteorológicas han vuelto a pasar factura.
"El aire de levante, el solano, cuando viene le hace daño a la breva", cuenta a Jaén Hoy. El viento se suma así a otros factores que cada temporada condicionan un fruto especialmente delicado, cuya ventana de recogida apenas supera las dos o tres semanas.
De los frutales de los abuelos a las higueras de hoy
En la familia de Pedro Manuel, la historia de la breva comienza mucho antes de que él naciera. Su abuelo cultivaba una huerta repleta de frutales: perales, ciruelos, granados, albaricoqueros e higueras convivían en una explotación de la que la familia obtenía buena parte de su sustento de vida. "Mi abuelo iba con una bestia a vender la fruta casi todos los días", recuerda.
Con el paso de los años, la breva terminó convirtiéndose en uno de los cultivos principales y pasó a comercializarse a través de la Cooperativa Hortofrutícola San Isidro del pueblo. Desde entonces, tres generaciones han seguido cuidando las mismas higueras.
Sin embargo, mantener viva esa tradición resulta cada vez más complicado. Pedro Manuel trabaja en la construcción, su mujer lo hace en la residencia de mayores de Jimena, sus padres, ya jubilados, siguen ayudando en la huerta, y sus hijos colaboran cuando sus trabajos o estudios se lo permiten. "Siempre ha sido un negocio familiar", resume.
La falta de rentabilidad impide contratar mano de obra durante la campaña. "La breva no tiene margen", afirma con rotundidad. Por eso, toda la familia se organiza como puede para sacar adelante la recogida.
Dos semanas contrarreloj
La campaña exige rapidez. Las jornadas comienzan sobre las siete de la mañana para aprovechar el fresco y evitar que el calor estropee el fruto. Manoli Aguirre, agricultora y miembro de la junta de la cooperativa de Jimena, lleva vinculada al cultivo desde pequeña, aunque profesionalmente se incorporó hace unos años.
"La breva lleva muchísimos años en Jimena. Yo recuerdo desde niña que había que madrugar porque tocaba recoger brevas", explica. Quienes cuentan con un mayor número de higueras pueden prolongar la jornada hasta bien entrada la una de la tarde, aunque siempre intentando evitar las horas de mayor temperatura.
Además del clima, el agua se ha convertido en otra de las grandes preocupaciones del sector. "Cada vez hay menos agua y eso repercute al final en el fruto", señala Aguirre. Otra preocupación entre los agricultores de Jimena, esa es el relevo generacional. Viedma señala que salvo un cambio radical, la tradición familiar terminará con él.
"Yo aguantaré todo lo que pueda, pero mis hijos no van a tirar de la huerta", lamenta. El motivo no es la falta de cariño por el campo, sino la realidad económica. Ambos han encontrado o buscan su futuro fuera de la agricultura, una situación que se repite en muchas familias del municipio.
"Da pena", reconoce. "Mi padre le tiene un valor sentimental enorme a la huerta porque allí se criaron ellos. Debajo de las higueras criaban cochinos, vivían de los frutales... Era otra forma de vida".
Una esperanza entre tantas dudas
No todos los casos son iguales. En la familia de Manoli Aguirre sí existe la posibilidad de continuidad. Su hijo ya participa en las campañas de aceituna y de breva y confía en que, con el tiempo, sea quien tome el relevo. "A él le gusta el campo", asegura. Aun así, reconoce que la situación general es preocupante. "La gente joven no quiere seguir con el campo", afirma.
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